Casas sin techo. Palmeras, tablas y latas que se mezclan en todas partes. Campos de arroz enteros convertidos en barro. Personas desesperadas y animales necesitados.
Ante la magnitud del desastre que dejó el tifón Haiyan a su paso por el archipiélago asiático de Filipinas, la WSPA desplazó varios equipos de Manejo de Desastres de sus oficinas alrededor del mundo, entre ellos expertos latinoamericanos con más de 30 años de experiencia en sus espaldas y recuerdos frescos de los estragos que dejaron las tormentas tropicales Ingrid y Manuel en México, las guerras en Afganistán y Kosovo, y el terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter que destruyó la capital de Haití en el 2010.
El panorama es desolador. Pareciera como si hubiera caído una bomba atómica en las pequeñas islas. La gente ha perdido familiares y miles de animales que significan su sustento, alimentación y compañía en la mayoría de los casos.
“La magnitud de este desastre es abrumadora y dolorosa para la gente. Nosotros vinimos a ayudarles y al proteger a sus animales también les estamos ayudando a ellos a sobrevivir”, relató Gerardo Huertas, Director de Manejo de Desastres de la WSPA para las Américas, que lidera el equipo latinoamericano de la WSPA en el lugar.
A través de la cámara de su teléfono, Huertas capturó imágenes que revelan la desolación del pueblo filipino y las necesidades que enfrentan personas y animales posterior al tifón.
Tras 4 semanas de convivir con el desastre, Díaz, Murillo y Huertas ya comienzan a tener signos de cansancio. Enfermedades estomacales y respiratorias son cada vez más frecuentes; pero ayudar es lo que los mueve.
Cerdos, perros, pollos, vacas y búfalos. Más de 8,000 animales se han beneficiado de la atención veterinaria, medicamentos y alimento que el equipo de la WSPA ha distribuido en Panay, Tacloban, Antique e Iloílo con ayuda de líderes comunales y veterinarios locales. Se tienen planes para que, en conjunto con instituciones gubernamentales y academias de veterinaria, se apliquen medicamentos para beneficiar a 8,000 animales más en Aklan en las próximas 7 semanas y 10,000 más en Antique en los próximos 3 meses.
Lo que más sorprende al equipo es que, aún en estas condiciones, los filipinos aún sienten ganas de sonreír. Aún se alegran cuando sus animales reciben atención y se muestran agradecidos con las manos que les llevan ayuda y una palabra de esperanza y aliento.
No hay ninguna duda. Una sonrisa puede ser el mejor combustible para seguir adelante.
El productor filipino dueño de este búfalo se muestra alegre mientras el Dr. Juan Carlos Murillo de la WSPA se prepara para examinar la condición de salud de su animal. Los búfalos son fundamentales para la producción filipina porque ayudan a sus dueños en el arado y la cosecha de los campos de arroz. ©WSPA/Troncophotovideo
